I want a Picasso for my bedroom (Its Free!)
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I want a Picasso for my bedroom (Its Free!)
Eran las tres y media de la tarde de un viernes 3 de diciembre, lo cual indicaba que el museo tenia grandes cantidades de visitantes y seria algo mas divertido de asaltar, para poder conseguir obras de arte para el mrcado negro. Una camioneta negra llega al sitio, comenzando a bajar de ella, algunos de mis cecuaces con rifles semiautomaticos y pistolas. Otras dos camionetas se colocaron en el frente, seguidas de esta, bajando otros secuaces, portando el mismo tipo de armas, eran un total de 15, mientras que otras dos llegaban por atras, mientras que desde adentro, aparezco yo, luciendo mi traje infernal, invocando en mi mano una gran hacha de doble filo para caminar entre la gente mientras a voz de garganta les gritaba. -Silencio malditos! todos al suelo y entreguen sus pertenencias de valor!!!- Uno de mis secuaces se acercaba con una bolsa para guardar esas pertenencias, mientras que los que se ubicaban detras del museo, unos 7 secuaces, entraron para comenzar a cargar algunos cuadros de Picasso que se encontraban en el salon principal, en su dia de exposicion.
-Tu y tu... siganme...- Les ordene a dos secuaces para ir al salon de las joyas mas admirables del mundo antiguo... entre ellas, estaban las joyas de la mujer de Kennedy, y de otras celebridades que perecieron, como Marilyn Monroe... Golpee con mi hacha los cristales, rompiendolos mientras los otros dos se acercaban para tomarlos y prepararse para que vengan los azules... los cuales no tardarian en hacer acto de presencia. Volvi al salon principal, donde tenianmos a varios rehenes tomados, tras haberles queitado las joyas y los celulares, y comenzaria la fiesta...
Mis ojos se tornaron de un brillo verde, mientras mi hacha reposaba en mi hombro izquierdo, pero mi mano derecha comenzaba a cargarse de un aura verdosa, indicando que la utilizaria de ser necesario. Tome a una mujer caucasica de cabellos dorados por la nuca, la levante del suelo con un movimiento brusco, y sali hacia la calle, mostrandola en alto, mientras gritaba a la policia que comenzaba a llegar. -Intentan algo y le vuelo la tapa de los cesos, malditos policias... no jueguen conmigo, o las fauces del infierno los devoraran!-
-Tu y tu... siganme...- Les ordene a dos secuaces para ir al salon de las joyas mas admirables del mundo antiguo... entre ellas, estaban las joyas de la mujer de Kennedy, y de otras celebridades que perecieron, como Marilyn Monroe... Golpee con mi hacha los cristales, rompiendolos mientras los otros dos se acercaban para tomarlos y prepararse para que vengan los azules... los cuales no tardarian en hacer acto de presencia. Volvi al salon principal, donde tenianmos a varios rehenes tomados, tras haberles queitado las joyas y los celulares, y comenzaria la fiesta...
Mis ojos se tornaron de un brillo verde, mientras mi hacha reposaba en mi hombro izquierdo, pero mi mano derecha comenzaba a cargarse de un aura verdosa, indicando que la utilizaria de ser necesario. Tome a una mujer caucasica de cabellos dorados por la nuca, la levante del suelo con un movimiento brusco, y sali hacia la calle, mostrandola en alto, mientras gritaba a la policia que comenzaba a llegar. -Intentan algo y le vuelo la tapa de los cesos, malditos policias... no jueguen conmigo, o las fauces del infierno los devoraran!-

Kenneth Wolfhart- Mensajes: 9
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Re: I want a Picasso for my bedroom (Its Free!)
La felicidad rezumaba en el rostro del chico que, cargando su mochila de estudios por X-Gates, volvía a su vivienda tras un arduo día de trabajo intelectual en la universidad. Ahora mismo sólo soñaba con un buen plato de comida, calentito, esperándole en la mesa, dispuesto a ser devorado por la ahora insaciable hambre del chico. Había tenido un par de días moviditos tras el desastre causado el uno de diciembre, una fecha a recordar por los habitantes de LA, pero poco a poco todo parecía concluir en tranquilidad y armonía.
Podía respirar el aire limpio en los pulmones. Podía disfrutar de aquel soleado -aunque frío- día de diciembre y la aproximación de la época de Navidad lo hacía sonreír más que nunca. La herida infligida por Creeper poco a poco iba sanando, dejando tras de sí una fea cicatriz en el costado izquierdo. Pero ya podía comer sólido y estaba casi a pleno rendimiento de sus funciones. Incluso la quietud de X-Gates le encantaba en un momento como aquel hasta que las sirenas comenzaron a sonar y varios coches de policía pasaron a gran velocidad por delante del chico, deteniéndose un par de manzanas más lejos, en el X-Museum.
Se internó en una calle secundaria donde se cambió las ropas y dejó su mochila, junto al su indumentaria normal, escondida detrás de unos cuantos cubos y bolsas de basura que se amontonaban allí. Allí se encontraba; había pasado de ser Samuel Bextor a BackWard, maestro del tiempo y la tecnología... o bueno... en proceso. Con su traje negro se deslizó inconfundible en la luz del día, llamando la atención a varios conciudadanos que incluso le sacaron fotos mientras corría hacia el lugar del suceso, escondiéndose detrás de un coche.
Observó una panorámica que no ofrecía mucha diversión ni facilidad. Dentro del museo se podía detectar a más de diez "ladrones" que apuntaban con sus armas a diferentes rehenes. Por su parte, un hombre de atuendo espeluznante se posicionaba a ojo de la policía, amenazando a la típica chica rubia que todo malo malísimo tomaría como rehén. "Mierda, BackWard, empiezas a internarte en la liga de los héroes, cada vez te lo pones más difícil" pensó para sí mismo, mientras se aferraba con nerviosismo al capó del coche, mordiéndose un labio tras su máscara de lana negra que sólo mostraba sus labios y su mirada.
Paró el tiempo y pasó el cordón policial, acercándose al individuo que, desde aquella distancia, asustaba más aún si cabía. El chico tocó a la rubia y ésta comenzó a gritar, moviéndose de lado a lado, zafándose ante un hombre y un mundo que, aparentemente, estaban quietos.
-No te muevas demasiado, he venido a salvarte, vamos, puedes escapar, deja que te ayude.- informó mientras tomaba la fuerte mano del villano aquel y la extendía, liberando los hermosos cabellos de la chica. BackWard la miró y asintió con una sonrisa, primer buen trabajo del día. -Ahora corre, desaparece de aquí, rápido.- le apremió, observando cómo esta abandonaba el lugar corriendo lo máximo que le permitían los tacones.
Una vez realizada aquella primera acción, el chico se internó en la recepción del museo y se escondió debajo de la mesa, observando bajo una grieta inferior los pies de los asaltantes y la imagen exterior del maligno. Fue entonces cuando dejó fluir de nuevo el tiempo, sabiendo que debería esperar un par de minutos si no quería agotar todo su poder temporal.
Podía respirar el aire limpio en los pulmones. Podía disfrutar de aquel soleado -aunque frío- día de diciembre y la aproximación de la época de Navidad lo hacía sonreír más que nunca. La herida infligida por Creeper poco a poco iba sanando, dejando tras de sí una fea cicatriz en el costado izquierdo. Pero ya podía comer sólido y estaba casi a pleno rendimiento de sus funciones. Incluso la quietud de X-Gates le encantaba en un momento como aquel hasta que las sirenas comenzaron a sonar y varios coches de policía pasaron a gran velocidad por delante del chico, deteniéndose un par de manzanas más lejos, en el X-Museum.
Se internó en una calle secundaria donde se cambió las ropas y dejó su mochila, junto al su indumentaria normal, escondida detrás de unos cuantos cubos y bolsas de basura que se amontonaban allí. Allí se encontraba; había pasado de ser Samuel Bextor a BackWard, maestro del tiempo y la tecnología... o bueno... en proceso. Con su traje negro se deslizó inconfundible en la luz del día, llamando la atención a varios conciudadanos que incluso le sacaron fotos mientras corría hacia el lugar del suceso, escondiéndose detrás de un coche.
Observó una panorámica que no ofrecía mucha diversión ni facilidad. Dentro del museo se podía detectar a más de diez "ladrones" que apuntaban con sus armas a diferentes rehenes. Por su parte, un hombre de atuendo espeluznante se posicionaba a ojo de la policía, amenazando a la típica chica rubia que todo malo malísimo tomaría como rehén. "Mierda, BackWard, empiezas a internarte en la liga de los héroes, cada vez te lo pones más difícil" pensó para sí mismo, mientras se aferraba con nerviosismo al capó del coche, mordiéndose un labio tras su máscara de lana negra que sólo mostraba sus labios y su mirada.
Paró el tiempo y pasó el cordón policial, acercándose al individuo que, desde aquella distancia, asustaba más aún si cabía. El chico tocó a la rubia y ésta comenzó a gritar, moviéndose de lado a lado, zafándose ante un hombre y un mundo que, aparentemente, estaban quietos.
-No te muevas demasiado, he venido a salvarte, vamos, puedes escapar, deja que te ayude.- informó mientras tomaba la fuerte mano del villano aquel y la extendía, liberando los hermosos cabellos de la chica. BackWard la miró y asintió con una sonrisa, primer buen trabajo del día. -Ahora corre, desaparece de aquí, rápido.- le apremió, observando cómo esta abandonaba el lugar corriendo lo máximo que le permitían los tacones.
Una vez realizada aquella primera acción, el chico se internó en la recepción del museo y se escondió debajo de la mesa, observando bajo una grieta inferior los pies de los asaltantes y la imagen exterior del maligno. Fue entonces cuando dejó fluir de nuevo el tiempo, sabiendo que debería esperar un par de minutos si no quería agotar todo su poder temporal.

Samuel Bextor● Estudiantes ● 
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Re: I want a Picasso for my bedroom (Its Free!)
En un instante, la chica en mis manos desaparecio como por arte de magia, haciendo que mi temperamento estallara en un ataque de ira. Mi mano libre apunto a uno de los patrulleros, haciendolo estallar lanzandole un fuerte haz de energia oscura, mientras que desintegraba el hacha para formar un debil muro ante mi, dandome tiempo para regresar al interior, aguantando algun que otro disparo. -Que mierda fue lo que paso ahi?!- Grito de forma iracunda mientras pateo una de las estatuas del salon principal, despedazandolo envarias partes. -Esto no va a quedar asi... Esto no va a quedar asi!!!...- reptia una y otra vez mientras materializaba una magnum de un color verde, obviamente, hecha de pura energia oscura... Mis dedos estaban inquietos, que incluso, disparo contra el techo, para luego apuntar a uno de lor rehenes, volandole la cabeza. -Tu, tu y tu... tomen rehenes, vamos a divertirnos...- Los mando con los rehenes a que salgan al frente, amenazando a la policia para ganar algo de tiempo, lo que sea que haya pasado antes, sabre de que se trata, y podre dilucidar con mejor predisposicion... Genere a mi alrededor una densa aura de energia oscura, pudiendo estar mas tranquilo, mientras me cruzaba de brazos y levitaba cruzando mis piernas... cerre mis ojos, tratando de expandir aquella aura un metro a mi alrededor, mientras algunos de mis hombres se preguntaban que tramaba.

Kenneth Wolfhart- Mensajes: 9
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Re: I want a Picasso for my bedroom (Its Free!)
El sonido alerta a BackWard que cierra ambos ojos y se encoge al escuchar el enfado de aquel villano. Tenía miedo, pero no podía parar todavía, tenía que asegurar el terreno a los policías lo máximo que podía. Sus ojos miraban por la rendija de la mesa y podían observar al hombre ahora levitar en un aura oscura que aterraba más aún al chico. "Piensa BackWard, piensa..." Y tuvo una idea, una pequeña mejora para evitar más peligros de muerte.
El chico paró el tiempo y salió al encuentro de aquellos secuaces que habían tomado rehenes y ahora acongojaban a las patrullas de policía. Uno por uno, fue tomando las armas que llevaban consigo, dejándolas a buen recaudo en el asiento trasero de uno de los coches de policía. El parar tan rápido el tiempo lo estaba agotando en cierta manera, pero la satisfacción de poder ayudar de aquella manera a resolver un conflicto, lo llenaba de dicha y de orgullo; Era un superhéroe.
Una vez realizado aquello, se decidió también por desarmar a todos los secuaces de dentro del edificio, observando de tanto en tanto la espectral imagen que daba el villano, ignorante de lo que podía estar realizando en aquellos momentos. Se quedó allí, con el tiempo todavía parado, de pié, observando al malvado con su aura que parecía ir en aumento. -¿Qué demonios eres... y qué estás tramando?- como si pudiera escucharlo, cuando aquello quedaba entre el tiempo y él. Se alejó progresivamente de él, guardando el armamento en una cámara de seguridad extrema que había hackeado con su tecnopatía. Tuvo una idea más divertida aún... una risa escapó de sus labios mientras tomaba a los grupos de atracadores que había dentro del edificio -empujando sus cuerpos estáticos con la mayor fuerza posible- y los reunía a todos ellos dentro de aquella cámara que volvió a cerrar de forma hermética. Ahora sólo quedaba él, los rehenes y el villano que no avecinaba nada bueno.
Corrió y se escabulló de nuevo bajo la mesa de recepción y activó el tiempo, observando la impresión de todos los secuaces al verse potencialmente desarmados y escuchando golpes sordos de bala contra la puerta de la cámara.
El chico paró el tiempo y salió al encuentro de aquellos secuaces que habían tomado rehenes y ahora acongojaban a las patrullas de policía. Uno por uno, fue tomando las armas que llevaban consigo, dejándolas a buen recaudo en el asiento trasero de uno de los coches de policía. El parar tan rápido el tiempo lo estaba agotando en cierta manera, pero la satisfacción de poder ayudar de aquella manera a resolver un conflicto, lo llenaba de dicha y de orgullo; Era un superhéroe.
Una vez realizado aquello, se decidió también por desarmar a todos los secuaces de dentro del edificio, observando de tanto en tanto la espectral imagen que daba el villano, ignorante de lo que podía estar realizando en aquellos momentos. Se quedó allí, con el tiempo todavía parado, de pié, observando al malvado con su aura que parecía ir en aumento. -¿Qué demonios eres... y qué estás tramando?- como si pudiera escucharlo, cuando aquello quedaba entre el tiempo y él. Se alejó progresivamente de él, guardando el armamento en una cámara de seguridad extrema que había hackeado con su tecnopatía. Tuvo una idea más divertida aún... una risa escapó de sus labios mientras tomaba a los grupos de atracadores que había dentro del edificio -empujando sus cuerpos estáticos con la mayor fuerza posible- y los reunía a todos ellos dentro de aquella cámara que volvió a cerrar de forma hermética. Ahora sólo quedaba él, los rehenes y el villano que no avecinaba nada bueno.
Corrió y se escabulló de nuevo bajo la mesa de recepción y activó el tiempo, observando la impresión de todos los secuaces al verse potencialmente desarmados y escuchando golpes sordos de bala contra la puerta de la cámara.

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Re: I want a Picasso for my bedroom (Its Free!)
Nuevamente, algo sorprendio en el ambiente, mis secuaces estaban desarmados, y algunos dentro de una boveda de alta seguridad... curioso... Aqui sucede algo mas que esos simples policias... -Desnuquenlos y vengan aqui...- Ordene con un grito mientras cortaba mi meditacion, haciendo que toda aquella aura se concentrara en mis manos... -Quien carajo esta aqui? muestrate... o comenzare a matar rehenes...- Sonrio, aunque no se notaba por su mascara, mientras atraia a un rehen con su energia, envolviendolo totalmente, al igual que a otros cuatro. cuatro de ellos sufrieron la agonica muerte de ser pulverizados de adentro, comenzando a avejentar sus huesos con lla energia demoniaca con la que los rodeaba, salvo uno, quien estaba temblando de miedo, clamando misericordia. Mi aura volvio a crecer, esta vez, mientras caminaba hacia los rehenes, comenzando a tocar la punta de sus pies con cierta lentitud, envolviendolos en energia... Que agradable sencacion es la de escuchar sus gritos y la amenaza de la policia... -Ustedes tres, corran a la boveda, liberen a los otros, carguen las pinturas y salgan de aqui!- Los hombres corrieron hacia la boveda donde estaban encerrados, mientras yo seguia alli, parado, con aquel rehen en mi mano, y mi aura expandiendose... -Muestrate, o los rehenes moriran!- La idea de hacerlos pure no se iba de mi cabeza, y ragnos estaba deseoso de consumir sus almas. -Somos Destromath, y no podras contra nosotros...-

Kenneth Wolfhart- Mensajes: 9
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Re: I want a Picasso for my bedroom (Its Free!)
Aquello ya había sido la gota culminante y el villano no parecía soportar más burla. Amenazó seriamente a BackWard, afirmando que o se mostraba o los rehenes comenzarían a morir. Observó cómo atraía a uno de ellos mediante su poder, envolviéndolo al igual que a cuatro más. Aquellas eran las primeras víctimas de todo aquel problema; y Sam no había podido hacer nada para salvarlos. Había escuchado la orden de desnucar a las víctimas exteriores y rezó por que la policía del lugar encontrara una solución para parar la matanza.
La muerte había pulverizado a las cuatro víctimas desde dentro, escuchando los terribles gritos que proferían. Nadie merecía morir así. Una curiosa lágrima asomó por su ojo izquierdo y recorrió su mejilla para luego caer al suelo en la poca distancia que lo separaba de éste. Parecía ser que los tres restantes se encargarían de liberar a los encarcelados. Sabía necesitarían cierto tiempo para poder abrir la selecta "prisión", el tiempo suficiente para el que apareciera algún otro héroe o la dichosa policía se decidiera por realizar algo.
Entonces el villano hizo un apelativo a BackWard, para luego afirmar que no podría contra ¿ellos? ¿El criminal estaba poseído o qué demonios sucedía allí? Se levantó con rapidez, asomando por la mesa, emitiendo un grito de alerta.
-NO!.- señaló, envalentonado, cuando realmente tendría que estar asustado, completamente. -Déjalos ir... ya tienes tus pinturas...- pidió, intentando enmendar la situación más o menos. -No tienes ningún tipo de derecho a quitarles la vida.- se estaba enfadando con aquella situación, aún sabiendo que podía resultar tremendamente peligroso. El chico hizo correr el tiempo a su favor, ralentizándolo, mas no parándolo, simplemente para poder defenderse mejor de cualquier intento de ataque por parte del villano. Estaba consumiendo el leve poder que guardaba como héroe primerizo, pero lo estaba administrando de una manera magistral.
La muerte había pulverizado a las cuatro víctimas desde dentro, escuchando los terribles gritos que proferían. Nadie merecía morir así. Una curiosa lágrima asomó por su ojo izquierdo y recorrió su mejilla para luego caer al suelo en la poca distancia que lo separaba de éste. Parecía ser que los tres restantes se encargarían de liberar a los encarcelados. Sabía necesitarían cierto tiempo para poder abrir la selecta "prisión", el tiempo suficiente para el que apareciera algún otro héroe o la dichosa policía se decidiera por realizar algo.
Entonces el villano hizo un apelativo a BackWard, para luego afirmar que no podría contra ¿ellos? ¿El criminal estaba poseído o qué demonios sucedía allí? Se levantó con rapidez, asomando por la mesa, emitiendo un grito de alerta.
-NO!.- señaló, envalentonado, cuando realmente tendría que estar asustado, completamente. -Déjalos ir... ya tienes tus pinturas...- pidió, intentando enmendar la situación más o menos. -No tienes ningún tipo de derecho a quitarles la vida.- se estaba enfadando con aquella situación, aún sabiendo que podía resultar tremendamente peligroso. El chico hizo correr el tiempo a su favor, ralentizándolo, mas no parándolo, simplemente para poder defenderse mejor de cualquier intento de ataque por parte del villano. Estaba consumiendo el leve poder que guardaba como héroe primerizo, pero lo estaba administrando de una manera magistral.

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Re: I want a Picasso for my bedroom (Its Free!)
Off: Espero que no les importe que entre, pero quiero ir introduciendo la trama Young Marauders aquí 
Dean caminaba a paso torpe por la calle, con un montón de papeles encima, libros y otras cosas que había adquirido desde que estaba postulando a un trabajo como profesor en la universidad. Necesitaba urgentemente ponerse al día con sus investigaciones, publicar, volver a ponerse en el mapa. Tenía una excelente reputación entre la comunidad científica, pero el hecho de estar inactivo más de seis años, había jugado en su contra. El maldito de Creeper le fastidiaba la vida incluso después de enterrado vivo en su propia mente. Era la cosa más irónica que existía. Aunque, eso sí, Dean ya había asumido que tendría que vivir con el fantasma de Creeper toda su vida, así que sería mejor pasar página y empezar a vivir como Dean, sin dejar que Creeper le consumiera. Era lo peor que podría hacer.
- ¿Qué está ocurriendo? - preguntó a un regordete y anciano agente de la policía, cuando pasó por delante del museo. - Por dios... - respondió a lo que estaba sucediendo. Sin pensarlo, dejó sus libros y demás cosas en el capó del vehículo. Se sacó las gafas y las dejó encima. Acto seguido, se desnudó ante el ataque de gritos clamando de inmoral a Dean por parte del agente, que intentaba taparle de manera muy cómica. - Ya, cálmese. El pepino queda cubierto, es como ir a la playa. - sonrió, tronándose el cuello y poniéndose el antifaz que guardaba en su gabardina. Un par de enredaderas subieron por su pierna izquierda y subieron por su pecho para enrollarse e su cuello. La piel, por partes, se tornó verde. Dean sonrió ante el agente que saltó despavorido hacia atrás, recordando perfectamente a Creeper.
Dean dio un salto, impulsado por un pequeño brote que emergió del suelo y lo hizo volar varios metros arriba. Cayó sobre el techo del museo y dejó que las lianas hicieran su parte. Dentro del museo, las lianas, rabiosas, rápidas y haciendo que todos chillaran de la impresión, se colaban por el techo y tomaban a los rehenes, uno a uno, por parejas, incluso maniataban a grupos enteros de personas y se perdían. Simplemente se perdían y eran llevadas fuera, donde los policías les socorrían.
- Vaya... - Dean se sobresaltó cuando se asomó a la ventana del techo, la cual iba a romper, entrar, soltar una frase irónica y parecer héroe. Estaba el chico que, cuando él mismo era Creeper, le había hecho frente. Era un chico con un par de pelotas cuadradas y del tamaño de un puño. Dean sonrió ante ese pensamiento y quiso reír, pero no había tiempo para eso. Se sentó a mirar. Iba a dejar que el muchacho se las apañara, después de todo, tenía conocimiento de que quería ser un verdadero héroe. A los héroes hay que dejarlos trabajar. Se sentó y miró el espectáculo, silenciosamente dando ánimos al flacuchento chiquillo.
Volvió a sonreir.
- ¿Qué está ocurriendo? - preguntó a un regordete y anciano agente de la policía, cuando pasó por delante del museo. - Por dios... - respondió a lo que estaba sucediendo. Sin pensarlo, dejó sus libros y demás cosas en el capó del vehículo. Se sacó las gafas y las dejó encima. Acto seguido, se desnudó ante el ataque de gritos clamando de inmoral a Dean por parte del agente, que intentaba taparle de manera muy cómica. - Ya, cálmese. El pepino queda cubierto, es como ir a la playa. - sonrió, tronándose el cuello y poniéndose el antifaz que guardaba en su gabardina. Un par de enredaderas subieron por su pierna izquierda y subieron por su pecho para enrollarse e su cuello. La piel, por partes, se tornó verde. Dean sonrió ante el agente que saltó despavorido hacia atrás, recordando perfectamente a Creeper.
Dean dio un salto, impulsado por un pequeño brote que emergió del suelo y lo hizo volar varios metros arriba. Cayó sobre el techo del museo y dejó que las lianas hicieran su parte. Dentro del museo, las lianas, rabiosas, rápidas y haciendo que todos chillaran de la impresión, se colaban por el techo y tomaban a los rehenes, uno a uno, por parejas, incluso maniataban a grupos enteros de personas y se perdían. Simplemente se perdían y eran llevadas fuera, donde los policías les socorrían.
- Vaya... - Dean se sobresaltó cuando se asomó a la ventana del techo, la cual iba a romper, entrar, soltar una frase irónica y parecer héroe. Estaba el chico que, cuando él mismo era Creeper, le había hecho frente. Era un chico con un par de pelotas cuadradas y del tamaño de un puño. Dean sonrió ante ese pensamiento y quiso reír, pero no había tiempo para eso. Se sentó a mirar. Iba a dejar que el muchacho se las apañara, después de todo, tenía conocimiento de que quería ser un verdadero héroe. A los héroes hay que dejarlos trabajar. Se sentó y miró el espectáculo, silenciosamente dando ánimos al flacuchento chiquillo.
Volvió a sonreir.

Dean Blackwood● Héroes ● 
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